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Antecedentes históricos de la criptozoología Parte 1: La increible historia del ácaro de la sarna Parte 2: Otros monstruos míticos Parte 3: Detectives de animales, jabalies gigantes, pandas y dragones ( en preparación) Introducción Animales considerados, durante mucho tiempo, inventos de una mente calenturienta; otros que han pasado de la imposibilidad de los mitos y el folklore a los libros de zoología. Aquí os exponemos la historia de algunas criaturas cuya existencia se conocia mucho antes de ser admitidas por la ciencia o que se descubrieron siguiendo un método puramente criptozoológico. Todas ellas forman un conjunto de ejemplos que, en nuestra opinión, hacen de la criptozoología un campo justificable. A veces, la historia de su descubrimiento ha empezado con una simple pluma, otras con los testimonios de los nativos de algún remoto lugar del mundo e incluso, en ocasiones, el desencadenante de su busqueda y captura ha sido una oscura cita contenida en los libros de antiguos exploradores y aventureros. MONSTRUOS MITICOS QUE HAN RESULTADO SER BIEN REALES - La increible historia del ácaro de la sarna: ¿El ácaro un monstruo mítico? Pues sí..... Este pariente de las arañas, que apenas se puede apreciar a simple vista, es el protagonista de uno de los episodios más rocambolescos de la historia de la medicina y de la zoología,..... tan rocambolesco que podríamos denominarlo como "el Bigfoot de la dermatología "( Aunque se contaba con buenas descripciones del animal desde 1687, su existencia no fue ampliamente aceptada hasta 1834 ). Sarcoptes scabiei hominis (del griego sarx "carne" y kopto " yo corto") es el diminuto parásito que causa la sarna humana, una enfermedad cutánea que se produce cuando este maquiavélico y voraz bichito se dedica a excavar galerias en la piel de las personas. Los síntomas se caracterizan por la aparición de lesiones cutáneas ( vesículas, pápulas) y picazón.
El ácaro de la sarna: un maestro del escondite
Más específico y claro fue Cosimo Giovanni Bonomo, un médico italiano de finales del siglo XVII . Bonomo, familiarizado con la práctica común de sus colegas de Livorno- que con una aguja solían extraer el ácaro de la piel de los sarnosos y lo aplastaban con las uñas- escribió un estupendo tratado sobre la sarna en el cual se puede leer una descripción bastante aceptable de la enfermedad y del agente patógeno. En su " l'Osservazioni intorno a pellicelli del corpo umano" dice lo siguiente : " con la punta de una aguja, hemos tenido la oportunidad de extraer y observar al microscopio un pequeño glóbulo apenas visible, vivito y coleando, que se parece a una tortuga blanca con un poco de negro en el dorso, largos pelos, seis patas y una cabeza puntiaguda terminada en dos cuernos". La experiencia realizada en varios enfermos de sarna- comenta el médico- fue bastante concluyente. Bonomo determinó acertadamente que la criatura excavaba túneles en la cutícula, se arrastraba bajo la piel, roía, ponía huevos y persistía de 2 a 3 días en la ropa. Los únicos errores que cometío conciernen el número de patas ( el ácaro tiene ocho, no seis ) y el lugar donde debe buscarse al bicho ( Bonomo dice que en las vesículas o las pústulas, algo que es incorrecto)
Dibujito del ácaro de la sarna humana realizado por Bonomo en 1687. Para dibujar al animal, Bonomo usó un microscopio primitivo Por desgracia, las
investigaciones de este médico italiano no convencieron a casi nadie. Muchos pensaban que
el ácaro de la sarna era una fábula y, de hecho, hasta bien
entrado el siglo XIX, los médicos continuaron creyendo, a pies juntillas, que la
enfermedad era producida por " humores meláncolicos" o "sangre
corrupta". Existían tantos prejuicios contra la teoría del
origen parasitario de la sarna que ni siquiera la llegada del
"Siglo de las Luces" pudo acabar con ellos. "el
picazón insoportable que acompaña siempre a la sarna ha hecho suponer a
algunos autores que esta enfermedad es producida por pequeños animales,
lo que según ellos, explicaría por qué es tan contagiosa. Pero, más
allá de lo que dice Bonomo en sus transacciones filosóficas, no se ha
podido comprobar nada".
Mientras tanto, algunos zoólogos decidieron tomar cartas en el asunto.
Los pocos seguidores de Bonomo, como Linneo( 1734), Schwiebe (1722)
y Geoffroy (1764) no aportaron demasiadas cosas nuevas al tema. Finalmente, en 1778
Carl de Geer,
discípulo de Linneo, fue el primero en hacer una
descripción zoológica más o menos exacta de la bestezuela, acompañada de bonitas
ilustraciones que fueron publicadas en su "Mémoire pour servir à l'histoire des insectes".
De Geer propuso que no se debía confundir al ácaro del queso- muy conocido y
de cuya existencia nadie dudaba-
con el misterioso ácaro de la sarna humana. Y así llegamos al siglo XIX durante el cual los médicos Alibert, Biett y Willan,
que creen ciegamente en la existencia del parásito, intentan emular a
Bonomo sin resultado alguno. El enigmático bichejo se niega a
aparecer. Lo cual no impide a las
campesinas corsas,
los payeses de Asturias y los viejos indios del Orinoco (Humbolt
1800) extraer el ácaro con una aguja y curar la enfermedad. Es verdad que
estos modestos precursores no se hallaban cegados por las teorías
médicas de la época. De repente, un gran descubrimiento.... en 1812, un discípulo de Alibert llamado Jean-Chrysanthe Galès, farmaceutico jefe del hospital de Saint Louis, afirma haber hallado al animalillo en las pústulas de los enfermos. La comunidad científica ( entomólogos, médicos, naturalistas, etc...) descorcha las botellas de champán ¿ Por fin un final feliz para el enigma del "ácaro" de la sarna?. Ni mucho menos..... Un año después, el flamante descubridor de la bestia sigue siendo el único capaz de encontrarla- en Italia, Inglaterra y Francia el resto de los médicos la buscan con ahinco, pero fracasan- por lo que se empieza a hablar de fraude. Se sospecha que Galès, astutamente, ha "disfrazado" al ácaro del queso, haciéndolo pasar por el ácaro de la sarna. La batalla se recrudece y Cuvier, el famoso naturalista francés, se decide a intervenir. Tras examinar el animalillo de Galès y notar su extraordinario parecido con el ácaro del queso, el sabio alcanza una sorprendente conclusión: no existe uno, sino dos tipos distintos de ácaro de la sarna. Uno de los partidarios de la "inexistencia" del animal, Mouronval afirma: "me pase las vacaciones, mi tiempo libre y mis horas de ocio rodeado de una multitud de sarnosos, examinando muestras al microscopio, pero sorprendentemente, el insecto seguía sin aparecer". Y, visiblemente enfadado, añade: "el ácaro de la sarna del que se lleva hablando desde hace 150 años, del que se han hecho representaciones imaginarias copiadas unas de las otras, nunca basadas en el animal ¡ya que no existe!". Las cosas siguen más o menos igual hasta 1829. Galès se halla en paradero desconocido y las dudas sobre su descubrimiento se van acumulando. Rayer considera que la existencia del ácaro es quimérica. Por su parte Cazenave (1828) se muestra contundente: "Es necesario que Galés vuelva a Saint Louis, si es que está tan dotado para detectar las vesículas infectadas. Hasta que el señor Galès no lo demuestre creemos estar autorizados a afirmar que el ácaro no existe". La virulencia de la polémica crece hasta alcanzar límites insospechados. El cirujano Arnal publica una comunicación en la revista médica "Lancette française" en la que se pregunta : "¿quien puede creerse que batallones enteros de animalejos puedan permanecer escondidos debajo de la piel ?". Incluso un eminente dermatólogo, de nombre Lugol, llega a ofrecer...¡ un premio de 300 francos- 100 euros- a cualquier estudiante que sea capaz de demostrar la existencia del parásito¡. Por su parte, Devergie se siente estafado, Raspail acusa de falsificación e incluso el mismo Alibert, el más importante defensor del ácaro, empieza a dudar de su realidad.
Ciertamente, no se puede decir que Sarcoptes scabiei hominis sea un animal espectacular.... No obstante, su pequeño tamaño se ve compensado por la cantidad extraordinaria de enfermos de sarna que había en esos tiempos ( Desde 1700 a 1945 la sarna alternó entre el tercer y quinto lugar en la lista de las afecciones de piel más comunes.¡ El mismo Napoleón padeció la enfermedad !). Además, el microscopio se inventó en el siglo XVII por lo que sorprende que no se hiciese una descripción exacta del ácaro hasta 1778 y, aún más, que su validez no fuese definitivamente reconocida hasta bien entrado el siglo XIX. No estamos hablando aquí de una criatura oculta en remotos e inexplorados lugares. Se hallaba delante de las narices de los mismos científicos que durante más de un siglo negaron su existencia.
Janier Michel (1994) Histoire du sarcopte de la gale. Hist.Sci.Méd, 28 Ramos-e-Silva Marcia (1998). Giovanni Bonomo Van Cosimo (1663-1696): Discoverer of the etiology of scabies . International Journal of Dermatology ; 37(8): 625-630
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