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Hijo de un mecánico de Cullera (Valencia) que emigró a Francia en tiempos de crisis
económica, Magraner sintió siempre una pasión especial por el estudio de
los animales a los que dedicó gran parte de su vida. Tras
licenciarse en la Universidad, consiguió un importante puesto como asesor
del Ministerio Francés de Transportes y, poco después, ingresó en el
prestigioso Museo de Ciencias Naturales de París, codeándose con las
mejores mentes del pais vecino ... Tal era su prestigio y consideración
entre la comunidad científica francesa que, cuando en 1993, decició
abandonar su brillante carrera como zoólogo para irse a Pakistán en busca
de una criatura similar al legendario yeti, muchos de sus colegas contemplaron este radical giro
en su vida con una mueca de sorpresa y, al mismo tiempo, de expectación.
Por fin alguien con unas credenciales científicas intachables y un talento
fuera de lo común se disponía a deshacer el intrincado ovillo de leyendas,
falsificaciones y realidad que se esconde detrás de la figura del
mal llamado
"hombre de las nieves"... Nadie dudaba de que, si había alguien
capaz de resolver este misterio zoológico que ha desafiado a generaciones
de investigadores, aventureros y alpinistas, ese tenía que ser Jordi.
Nuestro hombre se aplicó a ello como solía hacer con todas sus empresas:
con una pasión y un rigor desmesurados. Con pasmosa naturalidad, cambió
los tubos de ensayo y las mesas de disección de París por las vastas
soledades de Asia Central, donde comenzó a recorrer las montañas de
Chitral, una remota provincia del norte de Pakistán, tras la estela del
enigmático Barmanu, el yeti local.
Valle de Bumburet
Krakal, un pequeño pueblecito del recondito valle de Bumburet, rodeado de
picos nevados de más de 6000 metros de altitud, se convirtió en
su nueva casa y allí permaneció durante 9 años, desafiando al clima, la soledad y
la creciente incomprensión de sus colegas de Occidente.
Jordi llegó a amar profundamente su nuevo destino: aprendió el khowar, el
idioma oficial de Chitral, en tan solo tres meses y no tardó en adoptar la
forma de vida tradicional de los lugareños. La figura a caballo de aquel
extranjero, recorriendo en solitario los serpeantes caminos de la región,
ajeno a las avalanchas de nieve y a los peligrosos forajidos que la
pueblan, se convirtió en una leyenda local.

Su principal objetivo, la búsqueda del yeti, fue perdiendo fuerza a medida
que transcurrían los años y aumentaban sus problemas económicos, pero su
inquebrantable resolución nunca le abandonó. Con el fin de seguir
costeándose sus expediciones, aceptó dirigir un Liceo francés en Peshawar-
la cuna del budismo- y se enroló en una ONG para realizar labores
humanitarias en el vecino Afganistán. Llegó a dirigir seis clínicas y dos campos de refugiados y fue allí donde su camino se cruzó con
el de los soldados de Massud, el famoso señor de la guerra y enemigo
declarado de los Talibanes.
Carnet de ayuda humanitaria de Jordi
Pero, a pesar de sus ausencias forzosas, Jordi siempre acababa volviendo
al valle de Bumburet con sus amigos los Kalash.
Y es que Magraner llegó a desarrollar una relación especialmente estrecha
con los Kalash, el único pueblo pagano y politeista que queda en Pakistán;
un pequeño núcleo de resistencia religiosa rodeado por un mar hostil de
fervientes seguidores de Alá.
Entre ellos, Jordi era considerado casi como un Dios...Uno más de los
muchos en los que los miembros de este pueblo primitivo aún creen.
Desafiando abiertamente a las autoridades religiosas musulmanas, se
convirtió en su protector oficial y mecenas, proporcionando profesores para
la educación de
sus niños y tratando de revitalizar, con su ayuda económica, algunas de
las antiquísimas costumbres de los Kalash, ya casi olvidadas.
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Así, entre valles perdidos, tradiciones milenarias y continuos viajes en
busca de fuentes de financiación, transcurría la vida de Jordi, hasta que
el 11 de septiembre de 2001, ocurrió algo que trastocó para siempre las
cosas... |
A miles de kilometros de distancia, en New York, dos aviones
hicieron volar en pedazos las torres gemelas. Las secuelas de este
terrible atentado terrorista se dejaron sentir especialmente en la zona en
la que Jordi desarrollaba sus actividades. El vecino Afganistan se vio
arrasado por una cruenta guerra y, en los sectores más radicales de la
población de algunos de los países de fe musulmana, prendió con fuerza un
sentimiento de odio hacia todo lo occidental. A pesar de la insistencia de los miembros de la embajada
española en Pakistán y de su propia familia, que le aconsejaron volver a
Europa por su propia seguridad, su amor por el valle de Bumburet, por los
kalash y por sus investigaciones pudo más que el miedo... Menos de un año después del atentado, en el mes de Agosto de 2002, el
cuerpo de Jordi apareció degollado, junto al de su asistente, un niño de
13 años, en el despacho de su casa en las afueras de Krakal.
Por desgracia, el enigma que rodea al asesinato de Jordi se ha mostrado
tan inextricable como el que envuelve a la mítica figura del yeti. ¿ Quién
cometió aquel brutal crimen?. ¿ Por qué las autoridades paquistanies no
han encontrado aún un móvil convincente para explicar su muerte?. ¿
Tuvieron algo que ver en esta tragedia sus actividades humanitarias y su
condición de extranjero?.
Pese a los esfuerzos de su familia, hoy día, el cuerpo de Jordi Magraner
descansa en un cementerio Kalash, en las afueras de Krakal, a la espera de
poder ser repatriado a España. Envueltos en una situación de absoluto
desamparo e ignorados por las autoridades oficiales, su madre y hermanos
siguen preguntándose qué es exactamente lo que ocurrió...
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