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El
hombre salvaje en España por Angel Morant
(
Artículo
publicado en "El mundo de los Pirinéos".
Con un "Anexo" sobre la
"Osa" de Andara )
NOTA:
El autor quiere dejar claro que, en ningún momento, se está
afirmando la existencia actual de hombres salvajes en España.
Se trata simplemente de llamar la atención sobre un
tema de estudio que, aunque reservado tradicionalmente a los
folkloristas, podría ser competencia también de arqueólogos y
paleontólogos. Por otra parte, este artículo- excepto el Anexo -
fue publicado en una
revista popular, de ahí el tono divulgativo del
mismo
Solitario
y amante de las umbrías soledades boscosas, la
figura del salvaje
pervive en los cuentos y leyendas de los Pirineos. Para muchos
simboliza lo que hay de misterioso e imprevisible
en la grandiosa naturaleza pirenaica. Pero, ¿se trata
meramente de un personaje simbólico?.
Para responder
a esta pregunta es preciso que hagamos un paréntesis y nos
traslademos hasta las lejanas tierras de Asia siguiendo la pista de
un fenómeno que ha suscitado la curiosidad de los medios de
comunicación y de algunos científicos. Procedentes de las
cadenas montañosas de esta región nos han llegado informes
acerca de una
serie de "hombres- mono" cuyo nombre varía según los paises donde se
localizan . Popularmente conocidos como "hombres de las
nieves", reciben el nombre de "migö" en el Tibet,
"Almasty" en la cordillera del Caúcaso,
etc... Según los testigos que afirman haberlos visto, estos
seres velludos, solitarios y nocturnos, cuyo tamaño oscila entre
1,5 y 3 metros de altura, son consumados escaladores que habitan en cavernas, refugios rocosos y zonas boscosas
situadas a una gran altitud. Los nativos del Caúcaso afirman
que el Almasty es omnívoro, alimentándose de bayas, raíces, pequeñas
alimañas y productos agrícolas que
hurta durante sus frecuentes incursiones en las plantaciones
locales. Impulsados por su afición a la leche, penetran por la
noche en los establos para ordeñar al ganado e irrumpen en los
refugios de montaña donde se cobijan los pastores. Carecen de un
lenguaje articulado, aunque emiten
estentóreos chillidos que, en ocasiones, recuerdan a la
risa. Se les ha querido identificar con una raza de hombres
prehistóricos que podrían haber sobrevivido hasta nuestros días,
refugiándose en los lugares más recónditos del continente asiático.
EL
SALVAJE EN EL FOLKLORE PIRENAICO
¿Qué tiene que ver todo esto con los personajes de nuestro
folklore?. Lo cierto es que
cuanto más
profundiza uno en el
estudio del salvaje de las leyendas pirenaicas más evidente se hace
su similitud con estos hombres-mono cuya existencia es objeto de polémica
entre los zoólogos. Así, según las tradiciones vascas, Basajaun,
el hombre salvaje de Euskal Herria, se nos presenta como un ser
nocturno y troglodita que reina sobre las montañas y la
vegetación. "Especie de
monstruo con rostro humano"- nos cuenta el escritor Agustín
Chaho(1)- "que el vasco
situa en el fondo de los negros abismos o en la profundidad de los
bosques. La talla de Basajaun es alta, su fuerza prodigiosa; todo su
cuerpo está cubierto de un pelo largo y liso que parece una
cabellera; anda de pie, como el hombre, con un bastón en la mano y
sobrepasa a los ciervos en agilidad". En los cuentos
populares, se le acusa de realizar incursiones en
las cabañas de los pastores para calentarse al fuego y
alimentarse de leche, queso o castañas; de rondar por los parajes
desolados, profiriendo un grito parecido a la irrintzina "en
el que las notas finales perforan las brumas de la noche con una
risa diabólica"(2). Como señala el folklorista
vasco, Jose María
Satrustegui algunas de las historias sobre el Basajaun destacan por
su tono sobrio y austero, llegando a desprender un perfume de
autenticidad realmente asombroso.
En la zona francesa del Ariege, al salvaje se
le denomina "ome pelut" o "Iretgge". En una de
sus obras sobre el folklore local, Charles
Joisten (3) cuenta que el bosque de Barthes estuvo habitado por
Iretgges hasta el siglo XII o XIII. Estos seres se abrigaban en
cavernas, alimentándose de los productos de la tierra y de la caza
que podían capturar. Se les veía
a menudo recorriendo la floresta, pero no toleraban que nadie
se acercase a ellos, huyendo y escondiéndose al menor ruido. Menos
tímidos, según cuenta la tradición, eran los Simiots que en la zona de los Pirineos orientales
llegaron a constituir una auténtica plaga . Esta leyenda catalana,
cuyo origen se situa en la Edad Media, está íntimamente
relacionada con los cuerpos de los santos Abdón y
Senén. Como expone el
Padre Domenech en su "Historia de Nuria" ( 1666), los
restos de estos dos mártires fueron entregados al abad Arnulfo
quien había ido a Roma en busca de ayuda
porque los habitantes del valle de Perpignan estaban
sufriendo una ola de inundaciones y tempestades que estropeaban las
cosechas. Además, una especie
de animales parecidos a
monos, los Simiots, entraban de noche en los pueblos vecinos,
raptando a los niños pequeños. Tan pronto como los cuerpos de los
santos fueron transportados al lugar, cesaron las calamidades y se
interrumpieron los ataques vandálicos de estos seres peludos.
En las agrestes
tierras del Pirineo
central, con sus picos escarpados y hermosos valles, también
encontramos tradiciones sobre hombres velludos. En la comarca
aragonesa del Sobrarbe, bañada por las cristalinas aguas del
río Cinca, se situa la leyenda de Silván, un ser mitad hombre,
mitad animal cuyas hazañas han quedado recogidas en el acervo
popular. Silván era un escalador extraordinario por lo que había
elegido como morada una
angosta cueva del desfiladero de las Devotas
que estaba rodeada por paredes verticales de roca caliza. Con
el tiempo, se convirtió en un incordio para los habitantes del
pueblo de Tella debido a sus continuas tropelías. Amparándose en
la oscuridad de la noche, solía deslizarse hasta los corrales donde
estaban encerradas las cabras y las tetaba para alimentarse de su
leche. Por el día escogía el momento en que los hombres estaban
trabajando en los campos para visitar furtivamente las casas,
introduciéndose por las ventanas de los pisos más altos y llevándose
toda clase de alimentos. Además, también se le consideraba
responsable de la desaparición de niñas y pastoras. Finalmente,
los habitantes de Tella, hartos de sus fechorías, decidieron acabar
con él aprovechándose de su debilidad por la leche. Para ello,
colocaron un caldero lleno
a rebosar al pie de su cueva. Silván se bebió la leche con fruición
y murió entre espasmos, pues estaba envenenada.(4)
TESTIMONIOS
HISTORICOS
Podría
pensarse que todo esto no tiene el más mínimo interés para
prehistoriadores, antropólogos físicos y arqueólogos sino fuese porque el dossier del hombre salvaje de los
Pirineos no se compone exclusivamente de folklore. Existen
lo que podría calificarse como testimonios históricos, es
decir, documentos que hacen referencia a seres
aparentemente infrahumanos observados hasta hace poco tiempo en
distintos puntos de la cordillera pirenaica. En 1776, Julien David
Leroy (5), ingeniero de puertos de la Marina, escribió un informe sobre
la explotación de los bosques del pirineo vasco donde menciona cómo
los pastores vecinos de Irati pudieron ver ,en varias ocasiones, a
un hombre salvaje que habitaba en dicha región. " Era
de muy grande talla, velludo como un oso y alerta como los rebecos;
de un humor alegre y
carácter aparentemente dulce,
pues no hacía daño a nadie. Frecuentemente visitaba las cabañas
sin llevarse nada; no conocía ni el pan, ni la leche, ni los
quesos; su gran placer era hacer correr a los corderos, dispersándolos
y estallando en grandes carcajadas(..). Cuando los pastores soltaban
a los perros , cosa que hacían a menudo, salía disparado como una
flecha, impidiendo que nadie se le aproximase demasiado ".
Más o menos por la misma época,
José de Vega Sentmenat, en su " Libro de las cosas
curiosas" ( 1774) señala que los pastores del Pirineo catalán
solían toparse
en los puertos de montaña con hombres descomunales con el cuerpo
totalmente cubierto de vello blanco. Incluso parece ser que
uno de estos salvajes fue capturado y exhibido bajo el apelativo de
"sátiro" en Barcelona en 1760, como expone un periódico
ruso del siglo XVIII( 6).
Como nota curiosa, sería conveniente citar un caso mucho más
reciente ocurrido en nuestra
cordillera Pirenaica y que merece un estudio más detallado para
tratar de determinar su posible interés antropológico . La
región oscense de la Guarguera, en la comarca del Serrablo, es la
cuna de una leyenda sumamente popular
que habla del "ome choto", un hombre de rasgos
grotescos cuya historicidad pude constatar durante mis
investigaciones de campo y que vivió hasta principios del
siglo XX (7). Parece ser que el "ome choto" (
hombre-cabra) llevaba una existencia muy primitiva, alimentándose de los
productos salvajes del bosque. Moraba en una buitrera del monte
Canciás y se le consideraba el último descendiente de un clan de
pastores que vivían de espaldas a las poblaciones circundantes . Se
ganó el mote de "hombre-cabra" por su horrible aspecto y su capacidad
para moverse con agilidad animal por los riscos más escarpados. De
orejas desmesuradas y cabeza enorme, su breve cuello y poderoso
torax le daban un aspecto achaparrado. Iba siempre vestido con un
sayo corto de piel de cabra y las partes de su cuerpo que quedaban
al descubierto eran velludas como las de un oso. Apenas hablaba y su
afición favorita era contemplar a las mujeres mientras lavaban la
ropa en el río. Calzaba unas galochas en los pies y, para
defenderse de las alimañas del bosque, se acompañaba de una
especie de porra de madera con la cabeza gruesa que aferraba con sus
poderosas manos.
¿LA
CONEXIÓN NEANDERTAL?
Estos datos hacen pensar que la figura del salvaje
podría
no ser simbólica y que se nutre de algún tipo de
realidad. Pero, ¿Cuál?. Aunque cabe la posibilidad de que estas
tradiciones estén
basadas en niños asilvestrados, abandonados por sus padres en
los bosques y montañas, hay
buenas razones para descartar dicha hipótesis. Como expone R. M.
Zingg en su libro "Wolf children and feral men"( 1942),
los niños asilvestrados nunca ríen, se vuelven cuadrúpedos y
sufren una inhibición del deseo sexual. Por el contrario, los
salvajes pirenaicos raptan
seres humanos para tener trato sexual con ellos, profieren unos
sonidos parecidos a la risa ( como es el caso del Basajaun y del
salvaje descrito por Leroy) y mantienen una postura claramente bípeda.
Por no hablar del hecho de que sus características( cuerpo velludo,
agilidad y fuerza extraordinaria, etc.. Ver Anexo) parecen alejarlos de la variabilidad
existente dentro de nuestra propia especie. Y aquí es donde hace su
entrada la paleontología.
Sabemos que, hasta hace unos 28.000 años, España estuvo habitada
por una especie distinta de hombres denominados Neandertales( Homo
neandertalensis). Los
expertos creen que al llegar nosotros a Europa
los fuimos empujando hacia lugares ecológicamente menos
atractivos como bosques y montañas, acelerando su extinción. ¿Podrían
haber sobrevivido hasta una fecha mucho más reciente de lo que pensábamos?. ¿Es posible que
estén basadas en ellos todas esas tradiciones pirenaicas que hablan
de hombres velludos y montañeses?. La idea de España como último
refugio de algunos mamíferos que,
en la mayor parte de Europa, se extinguieron
durante la
prehistoria no es absurda. Basta citar dos ejemplos de animales
que han seguido viviendo en nuestro país hasta tiempos históricos
mientras que en el
resto de Europa desaparecieron hace miles de años; uno es el lince
ibérico( Lynx pardina) y el otro un asno(?) salvaje, el zebro ( Equus
hydruntinus).
¿ Podría haber ocurrido lo mismo con los Neandertales?. Tal
vez sea hora de empezar a plantearse si la figura del salvaje es algo más que una personificación de la indómita
naturaleza pirenaica y si su estudio podría aportarnos claves
acerca de nuestro
pasado evolutivo.
Etimología
Silván: en la Roma clásica, Silvanus fue una deidad campestre que reinaba
sobre la naturaleza. El significado de su nombre es, según la filóloga
W. Meid, "señor del bosque" ya que procede del latín
"silva"( selva)
Simiot: del latín "simius", que significa "mono". Simiot
debería traducirse, por lo tanto, como "mono de gran tamaño"
Iretgge: aunque algunos autores han señalado que podría tratarse de una
corrupción de "hereje", es probable que este término
provenga del vasco "iratzia" ( helecho). En el folklore
vasco existe, efectivamente, un duende de la vegetación que se
conoce con el nombre de "iretxo".
Basajaun: nombre compuesto que deriva de los vocablos "basa"(salvaje,
silvestre) y "jaun"(señor). Su significado literal sería
"señor salvaje", aunque algunos autores prefieren
traducirlo como "señor del bosque", pues "basa"
deriva del más arcaico "baso"(bosque). No obstante, la
utilización de "basa" en el sentido de
"salvaje" es frecuente en muchos vocablos vascos, como,
por ejemplo, "basaurdea" ( cerdo salvaje, jabalí) o
"basahuintza" ( cabra salvaje o corzo ).
ANEXO:
LA
"OSA" DE ANDARA
En otoño de 1925, el militar ruso M. Topilsky
(8)
pudo observar de cerca el cadáver de un hombre de las nieves
abatido en la cordillera del Pamir (Rusia). En su informe, Topilsky , tras
señalar que la mayor parte del cuerpo estaba cubierto de vello,
menciona lo siguiente:
" La
frente se inclinaba hacia atrás y su entrecejo
era sobresaliente . Sus pómulos prominentes hacían que la
cara se asemejase a la de un mongol. La nariz era chata, con la raíz
muy hundida. Los brazos tenían una longitud normal, sus manos eran
un poco voluminosas y los pies mucho más anchos y cortos que los de
un hombre."
Llama la atención el parecido de esta
descripción con la de un hombre salvaje español cuya historicidad
fue certificada por el etnógrafo Adriano García Lomas (9). Se trata de la
"Osa de Andara", una mujer velluda de Cantabria sobre la
que el madrileño J. Juste y Garcés escribió un libro en 1875(10). He aquí cómo la
describe el autor: " Sus carnes cubiertas por una capa de suciedad endurecida, sus largas uñas
encorvadas como las de águila, sus pies anchos y cortos
en que apenas se distinguían los dedos los
unos de los otros ni en longitud ni en volumen , sus manos
encallecidas, su tronco redondeado por una desmesurada obesidad, y
lo tosco de sus miembros la asemejaban, en efecto, a una osa. Bajo un monte de pelo crespo, enmarañado, asomaban unos
labios parecidos a un hocico, unos ojuelos brillantes, una nariz
chata, una frente aplastada y estrecha y unos pómulos prominentes y
angulosos."
Algunas de las características
anatómicas del hombre de Neandertal
guardan una similitud realmente sorprendente con las de la mujer salvaje
y forzuda de
Cantabria. Tomemos como ejemplo las descritas en el libro "En
busca de los Neandertales" por el
paleóntologo Christopher Stringer(
1993):
1)Neandertal: caja torácica
ancha, torax muy voluminoso en forma de barril ( págs.88,104); Osa de Andara;
"tronco redondeado por una desmesurada
obesidad".
2)Neandertal:
pómulos hinchados y huidizos
( pág. 87); Osa de Andara:
" pómulos prominentes y angulosos"
3)Neandertal:
frente baja
( pag. 84); Osa
de Andara: "frente aplastada"
4)Neandertal:
rostro saliente
( pag.87) y barbilla
poco desarrollada ( pag.84), lo que podría corresponderse
perfectamente con los " labios parecidos a un hocico"
de la mujer salvaje de Cantabria. De hecho E. Genet
Varcin , en su libro "Les Hommes fossiles" (1979), dice lo
siguiente acerca de las diferencias entre hombres modernos y
primitivos:
" .... y, debido a la presencia de una barbilla, también
desaparece
el aspecto de hocico de la cara".
Reconstrucción
de la cara de un Neandertal ( 1888)
5)
Neandertal: en lo que respecta a los pies, Stringer sólo menciona que las falanges
son
anchas ( pág.88 ). En realidad, lo que
sorprende del pie de algunos Neandertales ( Kiik-Koba, Crimea) es su
anchura (11), pero, sobre todo,
que los dedos están dispuestos en
"abanico" ( ilustración 41 del libro de Stringer). Esto hace que parezca que
todos los dedos tienen la
misma longitud. Osa de
Andara: " pies anchos y cortos en que apenas se distinguían los dedos
los
unos de los otros ni en longitud ni en volumen ".
Por
otra parte, el
paleontólogo Erik Trinkaus(12), en sus trabajos sobre la anatomía de
los Neanderthales, habla de falanges robustas y muy
musculadas ( fat toes), lo que,
según él, indicaría
una sorprendente capacidad de agarre en los dedos de los pies. Esto concuerda perfectamente con
la aptitud escaladora de
los hombres salvajes españoles(13)( sobre todo con la Osa de Andara,
cuyas proezas en ese sentido son continuamente mencionadas por Juste
y Garcés ).

Pie de un Neandertal( arriba)
comparado con el de un hombre actual
Hemos
de añadir que en la fecha en que Juste y Garcés escribió su
libro, los únicos restos del hombre de Neandertal que habían llamado la atención de la comunidad
científica( un cráneo incompleto, dos
húmeros y un fémur encontrados en Alemania
en 1856), eran, además de escasos, poco conocidos. De hecho, su pertenencia a una raza o
especie diferente- al principio se llegaron a identificar como los de
un cosaco deforme- no fue reconocida por la ciencia hasta 1886.
Resulta difícil de creer que Juste y Garcés "inventara" esta más
que aceptable reconstrucción de un Neandertal basándose
exclusivamente en la información científica- mucho menos la
popular- que, por aquel entonces, se
poseía sobre estos hombres primitivos. La primera reconstrucción
conocida del hombre de Neandertal es muy esquemática y parece
confirmar esta suposición: apareció en el Harper´s Weekly de
Londres (14), data de 1873- dos años antes de que Juste y Garcés publicase
su libro- y representa una escena familiar con dos de
estos humanos primitivos. En este "matrimonio" de Neandertales,
que, al parecer acaba de tener una pelea, el hombre, desprovisto de pelo corporal,
vestido con pieles y dándole la espalda a su conyuge, tiene
el aspecto de un apache embrutecido( con una barbilla pronunciada, por
cierto). En cuanto a la mujer podría pasar perfectamente por una Ariadna
abandonada de la prehistoria.
LA
OSA DE ANDARA SEGUN J. A. ODRIOZOLA CALVO
Según
sus propias investigaciones, José Antonio Odriozola Calvo(15) afirma
que la Osa de Andara era un pastora muy velluda (afectada de hirsutismo) que se
llamaba Joaquina Lopez, natural de Beges y nacida en torno
a 1818 o 1826. El libro de Juste y Garcés sería, pues, un
invento. Basa sus conclusiones en los recuerdos de niñez de un solo
testigo, Crescencia González, de 90 años ( nacida en 1880 en
Tresviso), a la que Odriozola
entrevistó en Beges en 1966, es decir más de un siglo
después de los sucesos narrados en el libro de Juste y Garcés.
Queremos recordar que Juste y Garcés, que visitó la zona en torno
a 1860 ( 106 años antes de que Odriozola realizara su entrevista),
relaciona a la "Osa" con Camarmeño, no Beges y que
Adriano García Lomas, un folklorista santanderino, realizó una
investigación de campo ( 42 años antes que Odriozola) en la que obtuvo una descripción de la
"Osa" no excesivamente diferente a la proporcionada por Juste y
Garcés( Y, lo que es más curioso, no pudo encontrar ninguna persona que afirmase
haberla conocido personalmente, aunque se acercó hasta La Hermida
que está a tan sólo 5 kms de Beges). Mientras que el testimonio de
Odriozola se caracteriza por la falta de detalles, tanto el de Juste
y Garcés como el de García Lomas son muy explícitos. Según Odriozola, la hirsuta pastora Joaquina López, que incluso tenía pelo en la cara,
abandonó Beges y se retiró
avergonzada a las cuevas de Andara donde permaneció durante años
aislada cuidando su rebaño de cabras, aunque finalmente volvió al pueblo, se casó y tuvo
numerosos descendientes. Ese
sería pues el origen de la leyenda. Las mujeres hirsutas se
caracterizan, efectivamente, por la presencia de pelo en la cara, un
rasgo que, a pesar de ser tan llamativo( pensemos en
la famosa mujer barbuda del circo), ni menciona
Juste y Garcés- perdiendo así una oportunidad única de añadir
más sensacionalismo a su "invención"- ni García Lomás que, sin embargo, si que cita una mata de pelo impresionante en
el empeine de los pies( Es más, el dibujo realizado por García Lomas nos muestra a la
"Osa" con una cara completamente desprovista de pelo). Se
podría acusar de fantasioso a Juste y Garcés sino fuese porque los
datos de García Lomas le apoyan.
Aún teniendo en cuenta únicamente el trabajo del folklorista
santanderino, habríamos de concluir que la hirsuta pastora Joaquina
López iba vestida con andrajos-
dejando bien a la vista la mata de pelo de la que tanto se
avergonzaba y arriesgándose a coger una pulmonía-, y , por lo
visto, descalza( ¿ ?).
También hemos de suponer que volvió a Beges, se casó, tuvo hijos, vivió hasta finales del
XIX o principios del XX y que en La Hermida, a tan sólo 5 Km de distancia, nadie sabía
nada del asunto.
Finalmente, tampoco se comprende como, en todo el pueblo de Beges,
Odriozola no pudo encontrar ninguna otra persona que corroborara
esta historia. Por las fechas que da Odriozola, podemos suponer que
Doña Crescencia - su testigo- conoció a Joaquina López- su "Osa"- cuando
esta última tenía 60 o
más
años, es decir cuando
ya había retornado a la "civilización", se había casado
y probablemente contaba con "un buen número de descendientes". Sin embargo, el testigo
dice que tuvo oportunidad de conocer a la hirsuta pastora porque,
apenada por su soledad , tanto ella como otras niñas de
Tresviso, iban a
ayudarla con su
rebaño de cabras. Esto
suena a contradicción.... ¿Estaba aislada y sola
o vivía en Beges donde tenía marido, hijos e incluso nietos?.
Lo
que está claro es que una mujer vivió errabunda en los montes de
Andara a mediados del siglo XIX, una mujer lo suficientemente velluda,
estrafalaria y robusta como para merecer el título de "osa", como para llamar
la atención de un funcionario madrileño- que incluso escribió un
libro sobre el tema- y como para engendrar toda una leyenda que en 1924,
cuando Garcia Lomas visitó el lugar, todavía estaba fresca en la
memoria de los lugareños. ¿ Y si fuera un caso de hiperandrogenismo?. Ciertamente,
en
las mujeres con hiperandrogenismo (16), la abudante pilosidad va
acompañada, en ocasiones, de una hipertrofia
muscular ( crecimiento inusual de la musculatura)... ¿Explicaría esto la fama de forzuda de la
"Osa"?. El argumento es interesante, pero falla por tres motivos: 1)
El hiperandrogenismo favorece que el pelo crezca desaforadamente en las zonas donde
los varones suelen tenerlo: cara( algo que como ya hemos dicho nadie
menciona hasta que aparece Odriozola), pecho, axilas, espalda, zonas genitales..,
pero no en el empeine de los pies. 2) Produce alopecia, como en los
hombres, cosa que ninguno de los autores arriba mencionados señala
3) Las mujeres con hiperandrogenismo casi siempre tienen problemas de fertilidad, lo
que no cuadra con la descripción de Odriozola sobre Joaquina
López, de la que dice que tuvo descendientes. Existe otro tipo de
hirsurtismo denominado "idiopático", que no afecta
a la fertilidad, pero no va
acompañado de masculinización y la distribución de la pelambrera
es la misma que en el anterior, es decir, no afecta al empeine de
los pies. Por otra parte, los casos más feroces
de hipertricosis- como el llamado "síndrome del hombre
lobo" que es genético y en el que la cobertura de pelo recuerda por su
abundancia a la
de un animal- la pilosidad se suele limitar a la parte superior del
tronco( cara incluida, aunque en casos excepcionales como el de la
conocida actriz Julia Pastrana también puede aparecer en todo el
cuerpo. Por cierto, Julia Pastrana tenía una barba que
hubiera causado la envidia del mismísimo rey Salomón). Si es esta la enfermedad que padeció
Joaquina López es bastante posible que fuese heredada por alguno de
sus descendientes, de lo cual no hay la más mínima constancia. Si
analizamos la descripción de la "Osa" de Andara, veremos
que no concuerda exactamente con ningun tipo de enfermedad: su
" tronco de desmesurada obesidad" podría relacionarse quizás con lo
que se llama "obesidad central" que es característica del
hiperandrogenismo, al igual que su fama de forzuda. Sin embargo, la distribución del pelo es más
típica de la hipertricosis ( ya que, según dos de los tres autores
que han escrito sobre el tema, se acumulaba en zonas no sexuales
como brazos, pies, manos y piernas). ¿ Inventaron
también Juste y Garcés y los habitantes de La Hermida una extraña
patología no tipificada?. Resulta dificil de creer. Si a esto añadimos las
inconsistencias en el testimonio de Crescencia González y el hecho de que el testigo se basa en recuerdos de la
niñez( probablemente de una época que se remonta 70 o más años
atrás), el caso de Odriozola no resulta tan covincente.
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