Sociedad Española de Criptozoología

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Vemos en este punto una relación muy coincidente con otro cuento famoso de la literatura popular, aunque de final distinto, el de La bella y la bestia. Jung, en su análisis sicoanalítico del mismo,[10] lo señala como el paso de las mujeres de la comunidad del amor paterno al amor carnal, de tal manera que se convertiría en una especie de rito de paso femenino por el que se hacen adultas. En ese mismo sentido deberíamos entender el hecho de las jóvenes que no vuelven, que desaparecen, es decir, no regresan como jóvenes porque ya no lo son, regresan como mujeres formadas.

También, en relación con las concomitancias con el cuento de La bella y la bestia, encontramos que hay una muchacha que no desaparece porque aparentemente, según algunas versiones, Silbán se enamora de ella y no le hace ningún daño, así que, gracias a su astucia, la joven logra escapar (el método utilizado es similar al que usa Ulises en la Odisea para huir de Polifemo, otro gigante, por cierto, que robaba ganado y vivía en una cueva de difícil acceso). Después ella colabora en la exterminación de Silbán, al que se vence con ingenio, como no puede ser de otra manera. Marieta se convierte así en una especie de heroína capaz de liberar a su pueblo del peligro exterior, es el contrapunto necesario en toda comunidad al papel protector del hombre.

Finalmente, aparece en la historia la leche como el elemento que permite dar muerte a Silbán, empleando esta, bien como cebo, bien envenenándola. El hecho de usar la leche, bien como cebo, bien –y más habitualmente– como pago a este tipo de seres o como algo que robaban, se repite en casi todas las historias similares que hemos leído, lo que se explica por la necesidad que de este alimento se tenía para completar la dieta habitual.

Además de todo lo anterior, de este trasfondo simbólico existente en la historia, nos encontramos con que la misma pervive con un aire de verosimilitud. Es decir, no es un cuento o una historia inventada, sino algo perfectamente contrastado. Tiempos, lugares y personas están identificados por aquellos que nos lo han relatado y, aunque hay diferencias según las versiones, pensamos que la acción pudo situarse en la primera mitad del siglo xix, dado que varios de nuestros informantes hacen referencia a una señora centenaria cuya abuela lo conoció.

La cueva de Silbán, su habitáculo, se encuentra en lo alto de la escarpada orilla derecha del congosto de las Devotas; aunque también en el cercano pueblo de Puértolas nos han hablado del Agujero de Silbán, llamado asimismo Espluga de Chuan Ralla, en las paredes de Castillo Mayor.

Finalmente, y aunque también hemos leído que Marieta era de Salinas de Sin, a nosotros nos han dicho, como ya hemos relatado en la historia, que era de casa Morillo de Tella, e incluso, en un relato paralelo en el cual los mismos hechos se atribuyen a Chuan Ralla, un personaje muy similar a Silbán, se dice que Marieta vivía en Puértolas.

Merece la pena hacer un inciso sobre este nuevo personaje, nacido en Ceresuela según algunos informantes y llamado Juan Ralla, Chuan Rualla o Chuan de la Ralla, pues con todas estas variantes lo denominan en pueblos de la zona como Revilla, Puértolas, Chistén, Saravillo y Espierba, lugares en los que no aparece Silbán, del mismo modo que en Tella no se conoce a Juan Ralla.

Una expresión que sí nos han contado en Revilla para referirse a alguien un poco camandulero es la de Tú, como Juan Ralla, y para asustar a los niños en Saravillo y Bestué se decía que iba a venir Chuan Ralla y los iba a coger. Sin embargo, en otros relatos, salva a un niño de una loba en Espierba;[11] o denominado Chuanralla de Chiradiello, una partida de terreno entre Chistén y La Comuna, se le atribuye el salvar a los niños que caían en algún agujero.[12] Pero, aparte de esto, pocas historias más nos han relatado, y ninguna se desarrollaba en la zona de Tella.

Juan Ralla y Silbán de la Peña tienen muchos puntos en común. Por un lado ralla y peña son palabras casi sinónimas, pues ambas definen una zona rocosa. Los dos viven en una cueva: accesible una, aparentemente inaccesible la otra. Silbán robaba ganado y la Espluca de Chuan Ralla era utilizada, cuando se robaba alguna cabra, para despellejarla antes de venderla. La historia sobre Marieta es exactamente igual pero cambiando los escenarios. En el caso de Chuan Ralla, donde la pastora lo despioja es en las faldas de Castillo Mayor y, además, Marieta al escaparse se refugia en su casa, por lo que Chuan Ralla, enfadado, se orina por la chimenea. También se acaba con ellos de forma violenta, en este caso a Chuan Ralla lo mató un francés mientras dormía en un pajar en Buerba. Asimismo, la época en que se pueden situar las acciones es la misma en ambos casos. Finalmente, los dos son personajes con características especiales: si Silbán es un gigante, Chuan Ralla lleva fama de brujón.

Este es un claro ejemplo de cómo las leyendas se entremezclan y los personajes cambian de papel aunque las ideas de fondo, que en estos casos es lo más importante, se mantengan. El mecanismo nos lo explica Josefina Roma.[13] Probablemente, algún hecho llamó poderosamente la atención del pueblo: pudo tratarse de un accidente del terreno o de una invasión o incluso de alguna hazaña de una persona concreta. Lo cierto es que cada vez que en aquella cultura se tiene la necesidad de aplicar algún dicho, algún acontecimiento que cuadra con su moral, con su visión del mundo, no inmediatamente sino al cabo de cierto tiempo de haber sucedido, la situación central o el personaje acabarán atrayendo los nuevos episodios que en un principio no guardaban ninguna relación.

Junto a esto hay un segundo proceso, y es que por contacto entre diversas comunidades las historias se van superponiendo, incluso llegan a lugares en los que no existían y se asumen como propias, más aún cuando la historia se escribe y difunde ampliamente.

De modo que la pregunta sería: ¿es posible que existiera este personaje con características míticas realmente en una época tan cercana y no hubiera más pruebas que esta historia? La cuestión nos lleva a remitirnos a un texto del padre Feijoo en el que se plantea la existencia real de los silvanos. Él se remonta a las fuentes antiguas para afirmar que Diodoro Sículo y Plutarco relatan cómo algunos de ellos fueron presentados a Dionisio, tirano de Sicilia, según el primero, o a Sila, en Albania, según Plutarco. Recoge asimismo los testimonios de san Atanasio y san Jerónimo en las vidas de san Antonio Abad y de san Pablo, el primer ermitaño, respectivamente.

El razonamiento del padre Feijoo es que existieron estos sátiros pero que no poseían cualidades racionales, es decir, el don del habla; sin embargo, nuestro Silbán sí lo tenía. Pero, en su reflexión, unas líneas más adelante señala unos aspectos sumamente interesantes:

No ignoro que Plinio da el nombre de Sátiros a unos animales, que hay en ciertos montes de la India, muy parecidos al hombre; por consiguiente parece, que de ellos vendría el gentilicio error de los Sátiros. Pero obsta el que aquellos eran una cierta especie de monos, como el mismo Plinio manifiestamente insinúa, los cuales no tienen cuernos; y los Sátiros generalmente se pintaban bicornes.

Noto aquí para los curiosos, que esta especie de monos, ni más ni menos, que los describe Plinio, hoy se hallan en algunos parajes de la India. El P. Le Comte dice, que navegando en la China a la Costa de Coromandel, vio en el Estrecho de Malaca unos monos de figura mucho más parecida a la humana, que los comunes: que se mueven levantados, como los hombres, sobre los pies de atrás; o digámoslo mejor, solo sobre los pies. Aun la voz es parecida a la humana; y semejante al chillido de los niños.

[…] Algunas relaciones de la Isla de Borneo, situada en el mar de la India, dicen, que en las selvas de aquella Isla se hallan hombres salvajes, o silvestres. Así los llaman, no solo en el sentido que se aplica este epíteto a algunas cerriles de las Naciones de la América; sí con más propiedad, porque aunque en la disposición de todos los miembros, y modo de usar de ellos nada desdicen de la especie humana, pero les falta la locución.[14]

 

Este texto no es más que la explicación de que los sátiros que nombra algún autor clásico no son otra cosa que orangutanes, nombre que en malayo significa ‘hombre de los bosques’ (orang hutan), un silvano en definitiva.

Por otra parte, la existencia de seres como Silbán se registra sistemáticamente en diversos relatos ya en tiempos históricos, desde la edad media, en cuya literatura se habla de Omnes Monteses, así como de los simiots en Cataluña o de los iretgges u omes peluts en la zona pirenaica del alto Ariège, y en tiempos más cercanos, en 1774, hallamos el testimonio de la visión de uno de estos seres en el navarro bosque de Irati. Todos estarían relacionados con la tradición de los yeti del Himalaya o de los bigfoot de los bosques norteamericanos, que hasta finales del siglo xix  eran conocidos por los Occidentales como hombres salvajes, salvajes o gigantes velludos, y se trataría para algunos criptozoólogos de hombres del Neandertal que habrían sobrevivido.

Y en este momento, en relación con el concepto de Silbán como orangután y con la presencia de estos seres en tiempos cercanos, debemos relatar una historia que nos contó una señora de Escuaín, un hecho que le ocurrió en su juventud:

Estaba de joven en la pleta de san Biciens, con las yeguas. Era noche de luna llena que brillaba como un sol, y de pronto se oyeron ruidos y gritos. Después, de repente vino la boira y hubo una pedregada que dejó más de un palmo de piedra. Todas las ovejas se escaparon y se juntaron unos rebaños con otros, además se mataron siete u ocho ovejas. Un compañero que estaba en la pleta le gritó: Tío jodido, si tienes cojones baja aquí.

Era un arangután que mataba las ovejas o se las llevaba cuando se amorraban a beber en algún riachuelo. Al animal, que estuvo varios días por la zona, lo intentaron cazar dejando cuezos con leche, porque le gustaba. Finalmente, lo mataron en Aínsa, poco después de que lo vieran dos chicas que se murieron del susto.

 

Otra señora nos contó que vio en la nieve unas huellas grandes y muy raras en O Saco Ixacinto, debajo de O Castiello en Escuaín, y que le habían dicho que eran de orangután. Esto unos veinte años después de la historia anterior.

Pero no son estos los únicos testimonios, aunque sí los únicos que hemos recogido de primera mano. En la zona de Escuaín, en la Garona de Vio, el padre de la primera informante también descubrió una vez huellas extrañas que no se correspondían con las de ningún animal salvaje conocido.[15] Asimismo, en el vecino valle de Chistau aparece un cuento o historia en la que se aparece a unas niñas un personaje que se define como el orangután de las Paniellas,[16] de aspecto peludo, con una larga cola y cuernos, aunque finalmente no sea más que un hombre del pueblo disfrazado. Y, finalmente, en Bestué está recogida la palabra gotagután, que desde nuestro punto de vista puede derivar de orangután.[17]

Ninguna de nuestras informantes vio a este ser realmente, aunque no dudan en hablar de este animal y no de otro tipo de mono que quizás nos parezca más conocido en la actualidad, como los chimpancés o los gorilas. Como curiosidad al menos, debemos también señalar que el nombre y definición de orangután aparecen en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia antes de 1843, frente a otros simios como gorilas o chimpancés que no lo hacen hasta 1884, si bien es en esta fecha cuando, quizás para diferenciar a unos de otros, se amplía la definición de orangután transcribiendo incluso su etimología, pues como ya dijimos es una palabra de origen malayo que significa ‘hombre de los bosques’.

La razón que se suele dar a la presencia de este orangután es que pudo escapar de algún circo o exhibición de fieras que hubiera en Francia y que atravesara la montaña hasta aquí. Ciertamente existían este tipo de compañías y gracias a ellas el orangután era conocido en Europa;[18] cabe reseñar que Josefina, la esposa de Napoleón, tenía uno de mascota, por lo que pudo haber sido representado en alguna revista ilustrada o libro de la escuela, e incluso Santiago Rusiñol dedica un cuento a este animal dentro de su obra Hojas de la vida (1898), con una ilustración del mismo realizada por Ramón Pichot. Y sin olvidar por supuesto la famosa etiqueta de Anís del Mono de 1870, en que se representa a un mono absolutamente humanizado, o la existencia a principios del siglo xx de la marca Anís del Orangután.

Esta palabra, con sus variantes fonéticas, e historias similares se han recogido por todo Sobrarbe y otras zonas como Benasque, la Guarguera, Riglos, Bolea o Luesia. También en otros puntos de la península Ibérica; así, en 1874 circuló la idea de que el basajaun sería una reminiscencia del recuerdo que los vascos tenían de los orangutanes, o el caso de Anica la Osa, en Málaga, hija de un orangután que andaba suelto por la sierra, con la curiosidad añadida de que en estas tradiciones orangután y oso se hallan muy relacionados.[19]

De todo lo expuesto inferimos que ambas historias pueden ser variantes de una misma. Un cuento que tendría por finalidad avisar a los miembros del grupo, especialmente a los jóvenes, de los peligros externos al mismo,[20] con una leyenda propia de sociedades pastoriles, al tiempo que creaba un mito local. Este mito se acrecentaba al circular la historia de que la cueva de Silbán guardaba un tesoro, al igual que todos los refugios de gigantes en las historias folclóricas, que más de uno ha intentado recuperar sin éxito.

En este sentido, tenemos el relato de un vecino de Lafortunada:

Los abuelos de quien nos contaba la historia, uno de Laspuña y otro de Tella, intentaron llegar a la cueva usando dos abetos traídos de Pineta. Unieron uno a continuación del otro, formando una especie de escalera que levantaron ayudados con una cuerda de navatero que les lanzaron desde lo alto del cortado. Aun así no les daba para acceder a la cueva, pero sí para llegar a tocar la repisa, llena de excrementos de grallas y donde solo pudieron coger un crucifijo hecho con maderas de enebro.

 

En otra versión, el final cambia sustancialmente:

Parece que los tres tenían miedo a llegar a la cueva porque pensaban que ahí estaba el diablo. Finalmente subió el de Laspuña y dijo que no había nada. Como la subida era peligrosa ninguno de los otros llegó arriba. El vecino de Laspuña se fue a vivir a Francia, donde enfermó, y al no tener familia lo cuidó uno de Boltaña, que al volver se hizo una gran casa. Todos pensaron que el fallecido le había dejado su fortuna, que no sería otra que el tesoro de Silbán que él se habría guardado.

 

Posteriormente, bastantes años después, otra persona intentó bajar con una sirga de acero, pero el intentó acabó en accidente, rompiéndose una pierna. Por fin, miembros del Grupo Espeleológico de Badalona lograron acceder a la misma y encontraron restos de un muro, lo que demostraría que de alguna manera la cueva había sido utilizada por el hombre.


 

[1] Roma, Josefina, Las leyendas populares como fuente para el estudio de la aculturación, p. 2. Se trata del texto de una conferencia no publicada que nos ha facilitado Ángel Morant.

[2] Ibíd., p. 4.

[3] Briet , Lucien (1990).Bellezas del Alto Aragón. Huesca, Diputación de Huesca (1ª ed.,1913)

[4] Bellefon, Patrice  de, et alii (2000). Tres Serols- Monte perdido. Memoria de futuro. Lourdes/ Zaragoza, Asociación "Monte perdido Patrimonio Mundial"/ Ibercaja:  pp. 155-159.

[5] Debemos tener en cuenta que, según la indumentaria de trabajo habitual en la zona, las mujeres siempre vestían delantal, aunque fueran a realizar tareas en el campo. Por otro lado, cuando iban como pastoras solían llevar lana para hilar o hacer calceta mientras cuidaban el ganado, aprovechando así mejor el tiempo, por lo que no debe extrañarnos en absoluto esta parte de la historia.

[6] Pastor Muñoz, m. (1981). El culto al dios Silvano en Hispania. ¿Innovación o sincretismo?. Oviedo, Universidad ( "Memorias de Historia Antigua",5): pp. 103-114.

[7] Gómez-Tabanera,  Jose Manuel (1978)." La conseja del hombre salvaje en la tradición popular de la Península Ibérica" en Homenaje a Julio Caro Baroja, Madrid, CIS:  pp. 471-509.

[8] Almazán de Gracia, Ángel (1997). "Notas sobre Hércules, el Moncayo, Ágreda y los Pelendones". Revista de Soria (Diputación de Soria), 19: pp. 15-32.

[9] Teatro crítico universal [ed. digital], t. 6º, disc. 7º, pp. 259 y ss. (www.filosofia.org). Benito Jerónimo Feijoo Montenegro (Orense, 1676 – Oviedo, 1764) fue el filósofo más importante del siglo xviii en nuestro país. Benedictino y profesor de la cátedra de Teología y Sagradas Escrituras en la Universidad de Oviedo, su importancia radica en haber divulgado en España en esa época las novedades científicas y del pensamiento europeo.

[10] Jung, Carl Gustav (1997). El hombre y sus símbolos. Barcelona, Luis de Caralt.

[11] Saludas, Ánchel Loís (1999). "Tiempos abe...", Nuei de tiedas, Zaragoza, Xordica Editorial: pp. 39-42.

[12] Este comentario lo recoge Fernando Romanos en el programa de la fiesta mayor de San Juan de Plan del año 2001, al hablar del denominado Ombre de Mataire, un personaje de las características de Silbán, alto y cubierto de pelo, según le había contado Ángel Mur, vecino del pueblo de Saravillo.

[13] Las leyendas populares como fuente para el estudio de la aculturación, cit., p. 3.

[14] Teatro crítico universal [ed. digital], t. 6º, disc. 7º, pp. 259 y ss. (www.filosofia.org).

[15] Esta y otras informaciones de gran interés para el tema nos las ha ofrecido Ángel Morant.

[16] Cavero Abadías , Luis y Ascensión Pardo Vicente (coords.) (1991). Falorietas de Chistén. Huesca,  Consello d´a Fabla Aragonesa: pp. 25-28.

[17] Información facilitada por Chabier Lozano.

[18] Hemos visto un cartel de circo de 1930 en el que los únicos monos que aparecen representados, entre otras fieras, son los orangutanes.

[19] Raynal, Michel (1989). "L´homme sauvage dans  les Pyrénées et la survivance des neanderthaliens". Bipedia( Niza), 3:  pp. 1-16.

[20] No debemos olvidar que el mono representaba el vicio e incluso el diablo durante la edad media y que esa tradición, en cierto modo, pervivió. Quizás también, porque subyace la idea de que el mono es como una caricatura del hombre, su parte animal.