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También, en relación con las concomitancias con el
cuento de La bella y la bestia, encontramos que hay una
muchacha que no desaparece porque aparentemente, según algunas
versiones, Silbán se enamora de ella y no le hace ningún daño, así
que, gracias a su astucia, la joven logra escapar (el método
utilizado es similar al que usa Ulises en la Odisea para huir
de Polifemo, otro gigante, por cierto, que robaba ganado y vivía en
una cueva de difícil acceso). Después ella colabora en la
exterminación de Silbán, al que se vence con ingenio, como no puede
ser de otra manera. Marieta se convierte así en una especie
de heroína capaz de liberar a su pueblo del peligro exterior, es el
contrapunto necesario en toda comunidad al papel protector del
hombre.
Finalmente, aparece en la historia la leche como el
elemento que permite dar muerte a Silbán, empleando esta, bien como
cebo, bien envenenándola. El hecho de usar la leche, bien como cebo,
bien –y más habitualmente– como pago a este tipo de seres o como
algo que robaban, se repite en casi todas las historias similares
que hemos leído, lo que se explica por la necesidad que de este
alimento se tenía para completar la dieta habitual.
Además de todo lo anterior, de este trasfondo
simbólico existente en la historia, nos encontramos con que la misma
pervive con un aire de verosimilitud. Es decir, no es un cuento o
una historia inventada, sino algo perfectamente contrastado.
Tiempos, lugares y personas están identificados por aquellos que nos
lo han relatado y, aunque hay diferencias según las versiones,
pensamos que la acción pudo situarse en la primera mitad del siglo
xix, dado que varios
de nuestros informantes hacen referencia a una señora centenaria
cuya abuela lo conoció.
La cueva de Silbán, su habitáculo, se encuentra en
lo alto de la escarpada orilla derecha del congosto de las Devotas;
aunque también en el cercano pueblo de Puértolas nos han hablado del
Agujero de Silbán, llamado asimismo Espluga de Chuan Ralla, en las
paredes de Castillo Mayor.
Finalmente, y aunque también hemos leído que Marieta era de
Salinas de Sin, a nosotros nos han dicho, como ya hemos relatado en
la historia, que era de casa Morillo de Tella, e incluso, en un
relato paralelo en el cual los mismos hechos se atribuyen a Chuan
Ralla, un personaje muy similar a Silbán, se dice que Marieta
vivía en Puértolas.
Merece la pena hacer un inciso sobre este nuevo personaje, nacido en
Ceresuela según algunos informantes y llamado Juan Ralla, Chuan
Rualla o Chuan de la Ralla, pues con todas estas variantes lo
denominan en pueblos de la zona como Revilla, Puértolas, Chistén,
Saravillo y Espierba, lugares en los que no aparece Silbán, del
mismo modo que en Tella no se conoce a Juan Ralla.
Una expresión que sí nos han contado en Revilla para
referirse a alguien un poco camandulero es la de Tú, como Juan
Ralla, y para asustar a los niños en Saravillo y Bestué se decía
que iba a venir Chuan Ralla y los iba a coger. Sin embargo, en otros
relatos, salva a un niño de una loba en Espierba;
o denominado Chuanralla de Chiradiello, una partida de terreno entre
Chistén y La Comuna, se le atribuye el salvar a los niños que caían
en algún agujero.
Pero, aparte de esto, pocas historias más nos han relatado, y
ninguna se desarrollaba en la zona de Tella.
Juan Ralla y Silbán de la Peña tienen muchos puntos
en común. Por un lado ralla y peña son palabras casi
sinónimas, pues ambas definen una zona rocosa. Los dos viven en una
cueva: accesible una, aparentemente inaccesible la otra. Silbán
robaba ganado y la Espluca de Chuan Ralla era utilizada, cuando se
robaba alguna cabra, para despellejarla antes de venderla. La
historia sobre Marieta es exactamente igual pero cambiando
los escenarios. En el caso de Chuan Ralla, donde la pastora lo
despioja es en las faldas de Castillo Mayor y, además, Marieta
al escaparse se refugia en su casa, por lo que Chuan Ralla,
enfadado, se orina por la chimenea. También se acaba con ellos de
forma violenta, en este caso a Chuan Ralla lo mató un francés
mientras dormía en un pajar en Buerba. Asimismo, la época en que se
pueden situar las acciones es la misma en ambos casos. Finalmente,
los dos son personajes con características especiales: si Silbán es
un gigante, Chuan Ralla lleva fama de brujón.
Este es un claro ejemplo de cómo las leyendas se
entremezclan y los personajes cambian de papel aunque las ideas de
fondo, que en estos casos es lo más importante, se mantengan. El
mecanismo nos lo explica Josefina Roma.
Probablemente, algún hecho llamó poderosamente la atención del
pueblo: pudo tratarse de un accidente del terreno o de una invasión
o incluso de alguna hazaña de una persona concreta. Lo cierto es que
cada vez que en aquella cultura se tiene la necesidad de aplicar
algún dicho, algún acontecimiento que cuadra con su moral, con su
visión del mundo, no inmediatamente sino al cabo de cierto tiempo de
haber sucedido, la situación central o el personaje acabarán
atrayendo los nuevos episodios que en un principio no guardaban
ninguna relación.
Junto a esto hay un segundo proceso, y es que por
contacto entre diversas comunidades las historias se van
superponiendo, incluso llegan a lugares en los que no existían y se
asumen como propias, más aún cuando la historia se escribe y difunde
ampliamente.
De modo que la pregunta sería: ¿es posible que
existiera este personaje con características míticas realmente en
una época tan cercana y no hubiera más pruebas que esta historia? La
cuestión nos lleva a remitirnos a un texto del padre Feijoo en el
que se plantea la existencia real de los silvanos. Él se remonta a
las fuentes antiguas para afirmar que Diodoro Sículo y Plutarco
relatan cómo algunos de ellos fueron presentados a Dionisio, tirano
de Sicilia, según el primero, o a Sila, en Albania, según Plutarco.
Recoge asimismo los testimonios de san Atanasio y san Jerónimo en
las vidas de san Antonio Abad y de san Pablo, el primer ermitaño,
respectivamente.
El razonamiento del padre Feijoo es que existieron
estos sátiros pero que no poseían cualidades racionales, es decir,
el don del habla; sin embargo, nuestro Silbán sí lo tenía. Pero, en
su reflexión, unas líneas más adelante señala unos aspectos
sumamente interesantes:
No ignoro que Plinio da el nombre de Sátiros a unos animales, que
hay en ciertos montes de la India, muy parecidos al hombre; por
consiguiente parece, que de ellos vendría el gentilicio error de los
Sátiros. Pero obsta el que aquellos eran una cierta especie de
monos, como el mismo Plinio manifiestamente insinúa, los cuales no
tienen cuernos; y los Sátiros generalmente se pintaban bicornes.
Noto aquí
para los curiosos, que esta especie de monos, ni más ni menos, que
los describe Plinio, hoy se hallan en algunos parajes de la India.
El P. Le Comte dice, que navegando en la China a la Costa de
Coromandel, vio en el Estrecho de Malaca unos monos de figura mucho
más parecida a la humana, que los comunes: que se mueven levantados,
como los hombres, sobre los pies de atrás; o digámoslo mejor, solo
sobre los pies. Aun la voz es parecida a la humana; y semejante al
chillido de los niños.
[…]
Algunas
relaciones de la Isla de Borneo, situada en el mar de la India,
dicen, que en las selvas de aquella Isla se hallan hombres salvajes,
o silvestres. Así los llaman, no solo en el sentido que se aplica
este epíteto a algunas cerriles de las Naciones de la América; sí
con más propiedad, porque aunque en la disposición de todos los
miembros, y modo de usar de ellos nada desdicen de la especie
humana, pero les falta la locución.
Este texto no es más que la explicación de que los
sátiros que nombra algún autor clásico no son otra cosa que
orangutanes, nombre que en malayo significa ‘hombre de los bosques’
(orang hutan), un silvano en definitiva.
Por otra parte, la existencia de seres como Silbán
se registra sistemáticamente en diversos relatos ya en tiempos
históricos, desde la edad media, en cuya literatura se habla de
Omnes Monteses, así como de los simiots en Cataluña o de
los iretgges u omes peluts en la zona pirenaica del
alto Ariège, y en tiempos más cercanos, en 1774, hallamos el
testimonio de la visión de uno de estos seres en el navarro bosque
de Irati. Todos estarían relacionados con la tradición de los
yeti del Himalaya o de los bigfoot de los bosques
norteamericanos, que hasta finales del siglo
xix eran conocidos
por los Occidentales como hombres salvajes, salvajes o
gigantes velludos, y se trataría para algunos criptozoólogos
de hombres del Neandertal que habrían sobrevivido.
Y
en este momento, en relación con el concepto de Silbán como
orangután y con la presencia de estos seres en tiempos cercanos,
debemos relatar una historia que nos contó una señora de Escuaín, un
hecho que le ocurrió en su juventud:
Estaba de
joven en la pleta de san Biciens, con las yeguas. Era noche
de luna llena que brillaba como un sol, y de pronto se oyeron ruidos
y gritos. Después, de repente vino la boira y hubo una pedregada que
dejó más de un palmo de piedra. Todas las ovejas se escaparon y se
juntaron unos rebaños con otros, además se mataron siete u ocho
ovejas. Un compañero que estaba en la pleta le gritó: Tío
jodido, si tienes cojones baja aquí.
Era un
arangután que mataba las ovejas o se las llevaba cuando se
amorraban a beber en algún riachuelo. Al animal, que estuvo varios
días por la zona, lo intentaron cazar dejando cuezos con leche,
porque le gustaba. Finalmente, lo mataron en Aínsa, poco después de
que lo vieran dos chicas que se murieron del susto.
Otra señora nos contó que vio en la nieve unas
huellas grandes y muy raras en O Saco Ixacinto, debajo de O
Castiello en Escuaín, y que le habían dicho que eran de orangután.
Esto unos veinte años después de la historia anterior.
Pero no son estos los únicos testimonios, aunque sí
los únicos que hemos recogido de primera mano. En la zona de Escuaín,
en la Garona de Vio, el padre de la primera informante también
descubrió una vez huellas extrañas que no se correspondían con las
de ningún animal salvaje conocido.
Asimismo, en el vecino valle de Chistau aparece un cuento o historia
en la que se aparece a unas niñas un personaje que se define como el
orangután de las Paniellas,
de aspecto peludo, con una larga cola y cuernos, aunque finalmente
no sea más que un hombre del pueblo disfrazado. Y, finalmente, en
Bestué está recogida la palabra gotagután, que desde nuestro
punto de vista puede derivar de orangután.
Ninguna de nuestras informantes vio a este ser realmente, aunque no
dudan en hablar de este animal y no de otro tipo de mono que quizás
nos parezca más conocido en la actualidad, como los chimpancés o los
gorilas. Como curiosidad al menos, debemos también señalar que el
nombre y definición de orangután aparecen en el
Diccionario de la lengua española de la Real Academia antes de
1843, frente a otros simios como gorilas o chimpancés que no lo
hacen hasta 1884, si bien es en esta fecha cuando, quizás para
diferenciar a unos de otros, se amplía la definición de orangután
transcribiendo incluso su etimología, pues como ya dijimos es una
palabra de origen malayo que significa ‘hombre de los bosques’.
La razón que se suele dar a la presencia de este
orangután es que pudo escapar de algún circo o exhibición de fieras
que hubiera en Francia y que atravesara la montaña hasta aquí.
Ciertamente existían este tipo de compañías y gracias a ellas el
orangután era conocido en Europa;
cabe reseñar que Josefina, la esposa de Napoleón, tenía uno de
mascota, por lo que pudo haber sido representado en alguna revista
ilustrada o libro de la escuela, e incluso Santiago Rusiñol dedica
un cuento a este animal dentro de su obra Hojas de la vida
(1898), con una ilustración del mismo realizada por Ramón Pichot. Y
sin olvidar por supuesto la famosa etiqueta de Anís del Mono
de 1870, en que se representa a un mono absolutamente humanizado, o
la existencia a principios del siglo
xx de la marca Anís
del Orangután.
Esta palabra, con sus variantes fonéticas, e
historias similares se han recogido por todo Sobrarbe y otras zonas
como Benasque, la Guarguera, Riglos, Bolea o Luesia. También en
otros puntos de la península Ibérica; así, en 1874 circuló la idea
de que el basajaun sería una reminiscencia del recuerdo que
los vascos tenían de los orangutanes, o el caso de Anica la Osa, en
Málaga, hija de un orangután que andaba suelto por la sierra, con la
curiosidad añadida de que en estas tradiciones orangután y oso se
hallan muy relacionados.
De todo lo expuesto inferimos que ambas historias
pueden ser variantes de una misma. Un cuento que tendría por
finalidad avisar a los miembros del grupo, especialmente a los
jóvenes, de los peligros externos al mismo,
con una leyenda propia de sociedades pastoriles, al tiempo que
creaba un mito local. Este mito se acrecentaba al circular la
historia de que la cueva de Silbán guardaba un tesoro, al igual que
todos los refugios de gigantes en las historias folclóricas, que más
de uno ha intentado recuperar sin éxito.
En este sentido, tenemos el relato de un vecino de
Lafortunada:
Los abuelos de quien nos contaba la historia, uno de Laspuña y otro
de Tella, intentaron llegar a la cueva usando dos abetos traídos de
Pineta. Unieron uno a continuación del otro, formando una especie de
escalera que levantaron ayudados con una cuerda de navatero
que les lanzaron desde lo alto del cortado. Aun así no les daba para
acceder a la cueva, pero sí para llegar a tocar la repisa, llena de
excrementos de grallas y donde solo pudieron coger un
crucifijo hecho con maderas de enebro.
En otra versión, el final cambia sustancialmente:
Parece que los tres tenían miedo a llegar a la cueva porque pensaban
que ahí estaba el diablo. Finalmente subió el de Laspuña y dijo que
no había nada. Como la subida era peligrosa ninguno de los otros
llegó arriba. El vecino de Laspuña se fue a vivir a Francia, donde
enfermó, y al no tener familia lo cuidó uno de Boltaña, que al
volver se hizo una gran casa. Todos pensaron que el fallecido le
había dejado su fortuna, que no sería otra que el tesoro de Silbán
que él se habría guardado.
Posteriormente, bastantes años después, otra persona
intentó bajar con una sirga de acero, pero el intentó acabó en
accidente, rompiéndose una pierna. Por fin, miembros del Grupo
Espeleológico de Badalona lograron acceder a la misma y encontraron
restos de un muro, lo que demostraría que de alguna manera la cueva
había sido utilizada por el hombre.
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