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El Yeti: Leyendas, huellas y fauna en los Himalayas

"Aquello era un ser humanoide, no me cabe duda. Atardecía ya, y yo andaba un poco despistado para volver al campamento base. Era una zona de bosque frondoso y tapado por las altas copas de los árboles. Todo era silencio... y entonces aquella figura se cruzó ante mí... y me miró con aquellos dos ojos. Destelleaban en un manto de oscuridad. Escuché un estruendo surgir de la nada y aquello apareció de pronto. Luego el cuerpo, de más de dos metros, erguido perfectamente sobre sus largas piernas, lleno de vello y la cabeza abombada, como almendrada. Hombros anchos, pecho muy robusto.. Allí estaba el Yeti, en persona ...Yo me quedé paralizado, como encogido, y aquel ser me miró fijamente, como escrutándome de arriba a abajo
Cesar Pérez de Tudela, miembro de honor de la Sociedad Geográfica Española (cañon de Kali Ghandaki, Nepal - 1974) (1)

Las elevadas montañas de Asia han sido una fuente de fascinación para el mundo exterior desde los tiempos de Marco Polo. Con el paso de los siglos, las fábulas sobre unicornios, dragones y aves fenix han cedido paso a las descripciones científicas del rinoceronte indio, los fósiles de dinosaurio y algunos faisanes multicolores, pero la fascinación aún permanece. La elusiva criatura conocida como Yeti continua formando parte del imaginario popular de Los Himalayas, la cadena montañosa más alta del mundo. Sin embargo, aparte de algunas enigmáticas pisadas, tras más de 50 años de búsqueda, la ciencia no ha logrado obtener ninguna evidencia tangible de la existencia de este velludo y legendario animal.

Un hecho que no puede pasarse por alto es que la principal fuente de información acerca del "hombre de las nieves" son los nativos de la zona: principalmente los sherpas de Nepal, pero también los lepchas de Sikkim y los habitantes del Tibet. Muy pocos occidentales han visto al Yeti cara a cara y sólo existen tres avistamientos más o menos precisos ( a plena luz del día y durante un espacio prolongado de tiempo): uno del inglés W. Knight en Gantok, Sikkim( 1905) otro del polaco Slavomir Rawicz en algún lugar cerca de Bhutan ( 1946) y, el más reciente, del alpinista norteamericano Craig Calonica en la cara tibetana del Everest ( 1998) (2). La mayor parte de las veces, los testigos se limitan a informar sobre una silueta nocturna cuya aparición viene precedida de un agudo silbido o una figura lejana detrás de un grupo de rocas. *

El talento que parece tener el yeti para volatilizarse en el aire, ha hecho que el tema tenga mala prensa en la comunidad científica. Entre los expertos, la posibilidad de que los osos pardos estén detrás de la leyenda ha recibido más atención que ninguna otra, hasta el punto de que estos animales han servido frecuentemente como comodín para explicar todas las historias sobre "hombres-mono" que zoólogos, folkloristas, alpinistas y militares han recopilado en los últimos 100 años. 

Los escarpados valles de Los Himalayas esconden paisajes de gran belleza

El indio S.Pranavananda (3) y, más recientemente, Daniel Tailor-Ide (4) han protagonizado importantes capítulos en la elaboración de lo que ha llegado a ser conocido como "la teoría del oso". Para ellos, la ecuación es simple: el animal salvaje de las montañas del Tibet, en este caso un oso de gran talla, se convierte en "monstruo" cuando uno desciende a los valles.  

Los "abominables" osos de las alturas

[Los osos de Los Himalayas], que raramente superan los dos metros de altura, pueden dejar huellas de apariencia humana sobre la nieve de hasta 33 cm de largo[...].[...]como el resto de los plantígrados, a veces se plantan sobre las patas traseras. Sorprendidos en esta postura, ¿no podrían haber originado las leyendas sobre gigantes velludos?. Bernard Heuvelmans  (1958) (5)

Pueden matar una vaca de un zarpazo, nadar más rápido que un deportista olímpico y arrastrar el cadáver de un alce colina arriba...(6). Desde los tiempos más remotos, los humanos hemos tejido profundos lazos de admiración en torno a la figura del oso, ensalzando sus poderes casi sobrenaturales a traves de cuentos y leyendas transmitidos de padres a hijos durante generaciones. Respetado, temido, venerado... nuestros antepasados lo convirtieron en objeto de culto. Desde Altamira hasta Siberia, los artistas del Paleolítico trataron de plasmar su majestuosa energía en las pinturas de las cavernas y le rindieron homenaje esculpiendo su silueta en estatuillas de hueso, barro y marfil.

Parte de la importancia que el oso ha tenido en nuestra cultura radica en su faceta más " humana": despellejado, su cuerpo tiene una inquietante semejanza al nuestro ... Muy pocas criaturas pueden alzarse sobre las patas traseras e incluso caminar erguidas durante algunos metros dejando tras de si esas pisadas tan llamativamente humanoides que, de vez en cuando, cruzan los campos nevados de los pasos de montaña. Algunos autores sospechan que la figura del oso podría haber hecho fermentar en nuestra imaginación todo ese conjunto de personajes que encarnan la cara más siniestra e indomable de la naturaleza : duendes de los bosques, gigantes montaraces, ogros de las profundidades y ¿ por qué no?.... Yetis de Los Himalayas.

"Las pisadas atribuidas al Yeti, aunque no son suficientes para probar nada, ofrecen una pista sobre cuál podría ser el origen de toda esta leyenda.(...) uno ve poca uniformidad en las huellas y la poca que ve apunta a los osos"( 7)

¿Qué sabemos, pues, sobre los plantígrados que habitan en las lejanas tierras del " hombre de las nieves"?. 

Los osos muestran una curiosa tendencia a plantarse sobre sus dos patas posteriores

En realidad, muy poco...  Despojados del influjo reverencial que un dia ejercieron sobre el ser humano, los osos languidecen desde hace tiempo bajo la presión de la civilización moderna. Antaño omnipresentes, hoy en dia es realmente difícil estudiarlos pues, en apenas medio siglo, se ha producido un declive vertiginoso de las poblaciones en estado salvaje. Una de las principales razones es que, según la medicina tradicional china, japonesa y coreana, la vesícula biliar de estos animales tiene poderes terapeúticos casi milagrosos. 

Mapa de la zona de Los Himalayas y distribución aproximada de las distintas razas de oso pardo

Este panorama tan desolador contrasta con el que se encontraron los primeros exploradores occidentales que visitaron la zona. Por Hodgson sabemos que, a mediados del siglo XIX, los osos pardos eran bastante comunes en las montañas de Nepal (7). Otros exploradores, como el ruso Nikolay Przhevalsky, que, hace poco más de 100 años, recorrieron la gran meseta tibetana- conocida como guresu gadzyr o "el pais de las bestias salvajes"-, también señalan su abundancia en tiempos pasados. La extraordinaria riqueza faunística del Tibet, cuando aún era un país independiente regido por monjes budistas, ha quedado inmortalizada en su diario de viaje como un testimonio de lo que fue y quizás nunca volverá a ser :

Aunque [la meseta] es un lugar desolado, no falta el agua en verano y los kulans [asnos salvajes] y los yaks buscan las hierbas más tiernas, mientras los lobos y los zorros se dedican a perseguir a los herbívoros en busca de carroña. … El pais de las bestias salvajes era el sueño de todo cazador. Rebaños de yaks y Kulans, ovejas salvajes y bharals, gacelas orongo y antílopes ada recorrían las altiplanicies, sin mostrar la más mínima familiaridad ni temor hacia los humanos.(8) 

Sea como sea, la situación actual del oso pardo en los Himalayas y el Tibet es casi tan controvertida como la del mismo Yeti. La zoología, a lo largo de la historia, ha descrito tres subespecies distintas: el oso de las nieves u oso rojo( Ursus arctos isabellinus), que contrariamente a lo que indica su nombre, muda de color según las estaciones, encontrándose ejemplares que van desde un marrón oscuro con o sin tintes rojizos a un crema pálido o un tono ceniciento; el oso azul ( Ursus a. pruinosus), que de azul no tiene nada- su pelaje es más bien negruzco con áreas más claras en el cuello, cabeza y hombros-, y lo que ha sido definido como el auténtico oso pardo del Tibet (Ursus a. lagomyiarius), que es de color amarillento (9).

fase roja--------- Ursus arctos isabellinus ------ fase cenicienta ----------- fase marrón ---------- fase crema

En realidad, estas tres posibles variedades locales- cuyos nombres recuerdan a las oscarizadas películas de Kiezlowski- están rodeadas de no pocas incógnitas**: una, el oso rojo, vive  principalmente en la vertiente sur de Los Himalayas Occidentales (10), desde Pakistán hasta el centro de Nepal***; se alimenta sobre todo de vegetales y prefiere los pastos alpinos, concentrándose en áreas que van desde los 3300 a los 5000 metros. Sobre su presencia en la vertiente norte o tibetana de la cordillera más alta del mundo no se sabe mucho, aunque las condiciones climáticas que reinan en esta zona, más seca y con nevadas menos copiosas, puede que le favorezcan. Lo que si es seguro es que existen unos pocos ejemplares en Kargil ( Ladakh), una región que, aunque pertenece a la India, orográficamente forma parte del Tibet (11).

La parte central y suroriental de la meseta del Tibet es el territorio preferido del oso azul, que podría haber establecido poblaciones más allá del rio Kali Ghandaki (12,13), en lo que los criptozoólogos han definido como el clásico hábitat del yeti: este de Nepal, Sikkim ( India) y Bhutan. Además de rarísimo, y poco estudiado, este plantígrado tiene reputación de ser un animal bastante agresivo, causando, según Terry Domico (14), unas 1500 muertes anuales en la lejana Qinghai (China).    

El oso azul del Tibet en las llanuras de Chang Tang ( Arriba, ejemplar joven). A la derecha, animal enjaulado en un zoo 

Por último, nos queda el oso amarillo...  una incógnita envuelta en un enigma que supuestamente deambula por la zona noreste de las frías y desérticas altiplanicies tibetanas, más concretamente en Kekexili ( Hoh Xil ) cerca de los montes Kun-lun. En esta remota región de Asia, el área inhabitada más grande de China, los pikas- liebres de montaña con aspecto de ratón - son la principal fuente de alimentación de algunos carnívoros, principalmente los osos; tanto es así que, en 1883, Przhevalsky les dio el nombre de  "lagomyiarius", que en griego significa "devorador de pikas"(15)

Dibujo del oso "comedor de pikas" realizado por el explorador Nikolay Przhevalsky en las llanuras pantanosas de Kekexili durante su viaje al Tibet a finales del XIX. ¿Podría tratarse simplemente de una variedad de color del oso azul?  

 

Algunos plantígrados, como el famoso grizzly norteamericano, presentan un tinte pardo amarillento en su pelaje, por lo que reciben el nombre de osos amarillos. Es el caso de este hermoso ejemplar del Oriente Medio ( Ursus a. syriacus)

Y, por si esta mareante lista de plantígrados y colores no fuese suficiente, hemos de contar también con un invitado de piedra: el oso negro del Tibet ( Selenarctos thibetanus), que no tiene nada que ver con los de arriba y que, para colmo, no siempre es de color negruzco ( se han capturado ejemplares con el pelaje pardo rojizo e incluso de color dorado)(16).

Habita en zonas boscosas de menor altitud a lo largo de toda la cordillera y su nombre latino -- Selenarctos -- que hace referencia  a Selene, la diosa griega de la luna, tiene su explicación por la mancha blanca en forma de creciente que le adorna el pecho. El "oso luna", como se le conoce en algunas zonas, tiene un aspecto realmente extraño con su melena parecida a la de un león y sus orejas plantadas.

Con semejante batiburrillo de osos, los habitantes del Tibet y Los Himalayas parece que tampoco tiene las cosas del todo claras: aún así, al oso negro ( S. thibetanus ) suelen llamarle Dom o Thom y a las distintas razas de oso pardo ( isabellinus, pruinosus, ¿lagomyarius?) Dred mong, aunque también usan variantes como Dred mo o Dred  

El oso negro del Tibet tiene un extraño aspecto 

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