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El Chemo: Reinhold Messner y su búsqueda del yeti

"El yeti es la suma de las multiples narraciones de una leyenda. Los lugareños creen en muchas criaturas fantásticas porque no tienen televisión ni Hollywood, así que deben crear sus propios mitos."  R. Messner

Reinhold Messner es escritor, director de films y miembro del Parlamento Europeo. También se le considera como una leyenda viva del alpinismo. Conocido por ser el primer hombre en haber escalado todos los picos de más de 8 mil metros, comenzó a interesarse en el tema del yeti a raiz de un avistamiento en 1986. Decidió entonces seguir la pista de los antepasados de los Sherpas, replicando la ruta migratoria que realizaron hace siglos desde el este del Tibet (antigua provincia de Kham) hasta su hogar actual, en la zona del Everest ( Nepal).

Su veredicto- que no hay ningún hombre-mono en los Himalayas y que, en realidad, el causante de todo es una enorme y extrañísima variedad de oso pardo - nace precisamente de sus investigaciones en las altiplanicies tibetanas:

" Todas las evidencias apuntan a un oso nocturno que corre, camina y escala mejor que un hombre "(17)

Los osos pardos del  Este del Tibet, a los que Messner dedica todo un libro con el significativo subtítulo de "mi búsqueda del yeti"(18), parecen ejercer una atracción especial entre los deportistas famosos..... 

Los restos del oso son muy apreciados por los cazadores de Los Himalayas que los conservan como amuletos

En los años 40, el alemán Heinrich Harrer, otra estrella del alpinismo cuyas aventuras han sido recientemente llevadas al cine( "7 años en el Tibet"), aprovechó su dilatada estancia en la zona para hacer indagaciones por su cuenta. Harrer, residente de Lhasa antes de la invasión china, donde permaneció como huesped del Dalai-Lama, cuenta en sus memorias que al mostrar a la gente fotos de osos con el pelaje claro, solía toparse con la siguiente respuesta:"Sí, ese es el Dremo" (19).

Uno de los descubrimientos de Messner es que todos estos nombres, Chemo, Chemong, Dremo o Dred mo, servirían para denominar a un extraño plantígrado que "lleva a sus crías sobre la espalda" y, lo más sorprendente de todo, capaz de " silbar " y de desplazarse sobre dos piernas con total naturalidad: "como un cruce entre un hombre y un oso", según los nativos.(18)

En el transcurso de su particular investigación, el famoso alpinista se mezcla con los pastores tibetanos para interrogarles acerca del oso Chemo, rarísimo y casi imposible de ver en la gran cordillera de Los Himalayas( según él, tan sólo quedarían unos 1000 ejemplares en el Tibet y Nepal); se cuela en el interior de los templos budistas para mostrarnos los despojos del temible ser, preservados como un trofeo por los monjes locales ; trata de convencernos de que el  aura de misterio que rodea a la fantasmagórica figura del oso pardo sería suficiente para explicar la leyenda del "hombre de las nieves":
  Nadie puede encontrar al Chemo. O te topas con él por casualidad o nunca ves uno. Siempre aparece de noche, cuando menos te lo esperas"(18) 

Rarísima imagen de un oso bezudo ( Melursus ursinus) con sus crías a la espalda. Esta es la única especie en la que se ha registrado este curioso comportamiento de cargarse a los oseznos a modo de "mochila". Se cree que el motivo principal es defenderlos de los ataques de los predadores de la jungla tropical, como el tigre (20)

En realidad, resulta difícil consultar la literatura científica sobre el "hombre de las nieves" sin toparse, de vez en cuando, con algún que otro incidente cuyo protagonista es un oso. 

En 1960, el alpinista neozelandés Sir Edmund Hillary, el primer occidental que puso sus pies en la cima del Everest, lideró una expedición a gran escala, bajo el patronazgo de la World Book Encyclopedia, diseñada para estudiar los efectos de la vida en altitud sobre el cuerpo humano, pero cuya agenda contaba también con un objetivo secundario y mucho más llamativo: la búsqueda de una respuesta definitiva al enigma del yeti; decenas de hombres, con toneladas de víveres y perfectamente equipados, formando una interminable hilera en las nevadas cuestas de los Himalayas..... A pesar de toda esta parafernalia,o quizás a causa de ella, durante los 10 meses que duró la expedición lo único que se consiguió fue detectar dos pieles y un cuero cabelludo atribuidos a la enigmática criatura. La investigación reveló que las pieles, compradas a unos cazadores locales, pertenecían al oso azul y Hillary dio carpetazo al asunto, convencido de que el "mono gigante" era sólo una leyenda.

Hillary con una piel de oso azul (1960)   

El oso rojo de Los Himalayas( U. a. isabellinus), se encuentra detrás de algunas de las famosas pisadas humanoides que, de vez en cuando, han aparecido en las pendientes nevadas de Los Himalayas y que son regularmente atribuidas al yeti. El lider de la primera expedición que conquistó la cumbre del K-2, un geólogo italiano llamado Ardito Desio, se hallaba en el glaciar Biafo( Pakistán), en 1962, cuando se cruzó con unas extrañas huellas que cortaban oblicuamente la dirección en la que se dirigían sus hombres. Eran similares a las de un pie humano de enormes dimensiones, diría que casi una vez y media más grandes que las pisadas de un hombre. De repente, una ola de pánico asaltó a los porteadores: “¡Drenmo, Drenmo!” “[...] Finalmente logré divisar a lo lejos una criatura de color ceniciento, más alta que un hombre, que se movía lentamente. [...] Cogí los prismáticos y la figura de un gran oso apareció ante mis ojos. En mi opinión, el yeti de Biafo no es más que un gran oso de color ceniciento.” (21)

Dremo descrito por un monje tibetano ( a la derecha, foto de un oso- ¿Ursus arctos isabellinus?- en el zoo de Lhasa )

Este animal, el oso rojo, nos interesa especialmente pues, a parte de frecuentar cotas situadas a gran altura, parece tener cierta propensión a caminar bípedamente. Tal como señala William L. Strauss Jr. en la célebre revista "Science":

"La cuestión de la identidad del "abominable hombre de las nieves" fue investigada por el Reverendo Swami Pranavananda, que se inclina por el oso rojo de Los Himalayas. Según el autor, los tibetanos llaman al "hombre de las nieves" mi-te, que significa " oso humano". Hay tres variedades de osos en esta región: negro, pardo y rojo [U.a.isabellinus]. A este último se le conoce también como mi-te y se sabe que es capaz de caminar sobre las patas traseras(....)
Un pastor del este del Tibet, cuyo rebaño sufrió un ataque por parte del animal a una altitud de 4876 metros a lo largo del Kyang Chu, un tributario del Brahmaputra, afirmó que el mi-te, tras correr de manera cuadrúpeda, se irguió sobre sus patas traseras y escapó de esta guisa ante los disparos fallidos de los pastores; era del tamaño de un hombre y de color rojo claro o marrón rojizo. Un grupo de peregrinos del Tibet identificaron al mi-te como el oso rojo e informaron haberlo visto a una altitud de 5181 metros en las fuentes del Kubi, uno de los principales cursos de agua que desembocan en el Brahmaputra.
"
(22)

¿Muestra esta fotografía el cuerpo momificado de un Chemo? ( Messner 1999 )

El trabajo de Messner  profundiza aún más en esa dirección y aporta algunas respuestas interesantes. Pero, ¿consigue escalar realmente el enigma más importante de Los Himalayas?. ¿Demuestra que el yeti no es mas que un oso?. Uno de los lastres que arrastra Messner es que las descripciones de sus propios encuentros con el yeti - hasta cuatro- son vagas y presentan detalles anatómicos confusos: 

"Miré a mi alrededor y capté con el rabillo del ojo derecho la silueta de un bípedo que huía entre los árboles, en dirección al borde del claro, donde una tupida maleza de arbustos enanos recubría el pie de la pendiente. Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo, con el resplandor de la luna a la espalda. Fue entonces cuando giró la cabeza hacia mí y permaneció inmóvil por un instante. Volví a oír aquel furioso bufido y, durante una fracción de segundo, pude observar su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La criatura se erguía amenazadora, su cara una sombra gris, su cuerpo una silueta negra. Cubierta de pelo, se apoyaba sobre dos cortas piernas y tenía unos brazos largos que le llegaban hasta las rodillas. Calcule que medía 2´10 metros"(...) Era obvio que ningún hombre puede correr de ese modo en plena noche- Reinhold Messner, 1986 ( valle del Mekong, Este del Tibet)" (18)

Da la sensación de que, para convencerse de que la clave del problema son los osos-más concretamente el animal que los tibetanos llaman Chemo-, Messner atribuye a estos mamíferos un comportamiento que resulta difícil de aceptar. Aparte de asegurar que "silban", una costumbre que no ha sido registrada en ningún oso, el alpinista tirolés realiza una sugerencia muy polémica: que el enigmático Chemo que, según él, ha engendrado toda la leyenda sería capaz de caminar con más rapidez que un ser humano. 
  Cierto es que algunos plantígrados optan, de vez en cuando, por una marcha bípeda, como señalan los informes recogidos por Pranavananda, pero lo hacen muy raramente y siempre durante distancias cortas. 

En general, todos los estudios que se han realizado hasta la fecha indican que los osos son notoriamente torpes a la hora de desplazarse sobre las patas traseras y, según los expertos en locomoción animal, hay una buena razón para que esto sea así:

"En el caso del oso, que tiene zarpas, la postura bípeda sirve para poder usarlas como un arma ofensiva en caso de ser atacado. Al contrario que los monos, los osos no portan ni manipulan objetos, por lo que no sacan ninguna ventaja particular de caminar sobre dos patas. Estos animales son cuadrúpedos por naturaleza y correr a cuatro patas es mucho más rápido y seguro para ellos.(7)

Su aparición en espectáculos y circos ha contribuido a que las habilidades motoras del oso sean consideradas como legendarias.., pero ¿son capaces estos animales de caminar erguidos de manera sostenida como defienden algunos informes de Los Himalayas?

Por otra parte, es evidente que Messner, echando mano de su legendario coraje y de un individualismo feroz, encara el misterio del yeti como si se tratara de uno más de los múltiples picos que ha escalado a lo largo de su vida. Tal vez sea posible conquistar el Everest sin botellas de oxígeno, pero es realmente difícil abordar un problema como el que nos ocupa sin la debida preparación de campo. No es de extrañar, pues, que sus entrevistas a los pastores tibetanos, fruto de esa apasionada epopeya que le llevó incluso a entrar en China sin el permiso de las autoridades y a ser perseguido por la policia, sean imprecisas y carezcan de la planificación que se debería exigir a una encuesta zoológica profesional:

"Levantan rocas pesadas, en busca de comida.(...). Matan cabras, ovejas e incluso yaks ... Chemo se parece a un oso pero también a un hombre. Come lo mismo que nosotros: cebada, carne, frutas, bayas , vegetales, raíces. Es como un oso o un mono enorme." (18) 

Pero, quizás, el problema más importante de todos sea una cuestión de puro orden geográfico.... Y es que las evidencias más interesantes relacionadas con el yeti proceden, en su mayoría, no del Tibet, sino del estado de Sikkim ( India), el reino de Bhutan  y los escarpados valles nepalies de Arun, Dudh Kosi, Rolwaling y Simbua Khola, en torno al área del Everest - cuyo nombre hindú, Mahalangur Himal, significa " montañas de los grandes monos" (23). Con un clima más húmedo y una vegetación distinta a la que predomina en Los Himalayas Occidentales y, por supuesto, en las planicies tibetanas, los científicos distinguen aquí dos ecoregiones con una fauna de lo más interesante: los bosques de hoja ancha, entre los 2000 y los 3000 metros, y los bosques subalpinos de coníferas, entre los 3000 y los 4000 metros (24).

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